Mafalda Muñoz (Madrid, 41 años) creció apreciando el valor de los espacios, los objetos y la vida que surge a su alrededor. Heredera de una tradición que reivindica la modernidad y belleza de las raíces culturales, la hija de Paco Muñoz, fallecido en 2009 —pionero creador de Casa y Jardín, Darro o, junto con su madre Sabine Déroulède, De Natura, tres proyectos de referencia en la historia de la decoración en España—, representa un interiorismo contemporáneo riguroso y sofisticado, que persigue la armonía, las huellas históricas y el disfrute.
Impulsora junto a Gonzalo Machado, su socio y marido, del estudio Casa Muñoz, la galería Machado-Muñoz y del relanzamiento de Darro, Mafalda está en primera línea de una generación que está cambiando la imagen internacional del interiorismo español. La onda expansiva del boom inmobiliario que vive Madrid, la ciudad en la que ella nació y creció, ha desatado un efecto dominó insólito que afecta a la arquitectura, la rehabilitación y el interiorismo y que sitúa a Madrid a la cabeza como una de las ciudades más atractivas del continente para invertir; algo que, como recuerda Muñoz, se debe sobre todo, a esa calidad de vida que siempre hemos apreciado los madrileños.
En un paseo primaveral por Salesas, el barrio donde trabaja y reside, con la luz de la tarde iluminando los edificios de una de las zonas más bonitas y deseadas de la ciudad, surge un suspiro de admiración teñido de esa melancolía “tan madrileña”, dice ella, al comprobar la belleza del instante: “Es imposible cansarse de esta luz”.

¿Cómo vive la transformación que está viviendo tu ciudad?
Desde el punto de vista profesional de una manera muy positiva, llevamos tiempo haciendo proyectos que están relacionados con el crecimiento de la ciudad y con el cambio que está viviendo. Lo malo es que todo lo que sube, hay que mantenerlo y para mantenerlo creo que es importante que todos los que estamos alrededor de esta situación, seamos conscientes de lo importante: que Madrid tiene un carácter propio y es fundamental preservar su esencia. Madrid no es Miami.
¿Y eso cómo se consigue?
Hay que observar la ciudad, respetarla y entenderla, conocer sus pátinas. Ahora, por ejemplo, estamos haciendo un edificio aquí, en Salesas, y la base del proyecto es reivindicar para los interiores una estética propia de Madrid de principios del XX, finales del XIX.
Dígame algo que está ganando la ciudad.
Hemos ganado la forma en la que nos ven a nivel cultural, también de estilo y calidad de vida. Todos los madrileños sabemos que Madrid es donde mejor se vive [risas]… Pero los demás no lo sabían y ahora se agradece esa validación. Creo que en ese “¿Lo veis?” hay un punto de orgullo. Además, creo que es muy positiva la apertura y diversificación de la ciudad.
¿Y qué se pierde?
Yo soy bastante melancólica, no tanto como para añorar al afilador, pero casi… me da pena que se pierdan cosas. Pero también hay que ser conscientes de que Madrid ha sido una ciudad que siempre ha abrazado conceptos que no son propios. ¿Hay algo más madrileño que Viena Capellanes? En su momento también fue un concepto importado, pero nos supimos adueñar. Tenemos que estar más abiertos a los cambios. En ese sentido, aprendo mucho de Gonzalo. Es una persona que siempre está mirando siete pasos por delante, mientras yo estoy mirando siete pasos por detrás. Ahora mismo hay un intercambio cultural en Madrid muy interesante y debemos estar agradecidos.
España nunca ha destacado por su interiorismo pero ahora hay toda una nueva generación que está poniendo al día la decoración. ¿Qué ha cambiado o está cambiando?
El español tiene poco apego al interiorismo porque vivimos hacia fuera. Somos una cultura de calle: de salir, de cenar fuera, de estar en las terrazas. No pasamos tanto tiempo dentro de casa. Pero eso está cambiando también y las casas ahora reflejan tu manera de ser, como la ropa.
¿El interiorismo ha sustituido a la moda como identidad?
El mundo se ha vuelto más visual y ahora circulan millones de imágenes de interiores y eso ha marcado una tendencia global. Yo no diría que el interiorismo ha sustituido a la moda, pero sí me parece que la gente se relaciona más con el entorno en el que vive y se expresa con sus casas.


¿Cuál fue la línea maestra del proyecto de Forbes House?
Manejamos muchas referencias, pero la principal nos remite al deseo del poder financiero, al Nueva York de los 80, incluso al recuerdo de la “beautiful” madrileña. También la casa de Halston de Paul Rudolph, la serie de Robert Longo Men in the Cities, el piso de Agnelli en Nueva York… Mucha fantasía.
¿Qué le pide a un interior?
La luz es esencial, tanto la natural como la artificial. En Madrid, además, tiene una personalidad muy marcada. Y luego está la noche. Esa convivencia entre lo diurno y lo nocturno define la ciudad, y nosotros intentamos que esa dualidad también se refleje en los espacios que diseñamos.
Pero precisamente la luz siempre ha sido una asignatura pendiente en nuestros interiores.
Porque históricamente no se le ha dado la importancia que merece, y sigue siendo un aspecto complejo de trabajar. Para mí, la iluminación tiene algo muy sensual. Está ligada a una dimensión casi teatral de nuestra manera de ser.
Tienen proyectos en marcha en Roma, Lisboa, París, Londres… ¿Cuáles son los aspectos de su trabajo que más le estimulan?
Me motiva especialmente la relación con el cliente, porque nos elegimos mutuamente. Ese match, basado en la confianza, es la mejor exigencia. También disfruto mucho del proceso creativo con Gonzalo. Y, sobre todo, llevar los espacios a otro nivel, encontrando o diseñando piezas que realmente transforman un proyecto.
¿Cómo encontró su actual casa y cuáles fueron las ideas generales del proyecto?
Fue un milagro encontrar nuestra casa. El proyecto partió del respeto por la arquitectura original y por la época del edificio. Hemos entendido todos los espacios como salones, y eso hace que se vea muy natural. Además, conservamos gran parte de la distribución, con dormitorios en alcobas que vuelcan a la galería, como las antiguas corralas.

En Machado-Muñoz conviven piezas de Paul Dupré-Lafon, Carlo Scarpa, Philippe Anthonioz, Aurelia Muñoz… ¿Cuál es su idea de galería?
Es básicamente un lugar donde reunir lo que a nosotros nos gusta, lo que entendemos que tiene valor en nuestra visión del mobiliario y las artes decorativas. Y lo llamamos galería porque realmente nos parece que las galerías eran así, un espacio donde podías encontrar cosas especiales. El concepto de galería con paredes blancas ha venido después. Es un poco una reivindicación romántica… una vez más [risas].
Hablando de muebles, van a relanzar Darro, una aventura que su padre empezó a finales de los años 50, duró dos décadas y supuso una apertura estética a la modernidad en un país que entonces era un erial.
La exposición de Darro que hicimos en el Centro Colón en el 2019 fue un gran esfuerzo y ahora hemos decidido producir los prototipos originales y hacer un libro-catálogo que no ha sido sencillo porque no hay mucha documentación. Mi padre hacía las cosas sin darse importancia, sin ambición de posteridad. Recuperar Darro es una manera de reivindicar el papel histórico de un pionero como él, que viajó mucho y quiso traer a España otra forma de entender el diseño desde la cultura española.
¿Cuál ha sido para usted su principal legado?
A mi padre le gustaban las cosas bien hechas, con un nivel de exigencia muy alto y un gran respeto por el oficio. Pero su legado no es solo estético y cultural, sino también empresarial. Supo convertir nuestra profesión en un negocio serio y estructurado con Casa & Jardín.
Trabajó en París durante dos años pero empezó con su padre y ahora sigue trabajando en familia. ¿Cómo explicaría las ventajas de trabajar así?
No existe una línea clara entre mi vida personal y mi vida profesional. El interiorismo está profundamente ligado a la forma de vivir: a los gustos, a cómo viajas, a tus intereses. Es algo que he vivido desde siempre con mis padres, que también trabajaron juntos. He tenido la suerte de encontrar una persona con mucha fuerza, que es un motor para mí. Pero trabajar en familia no es solo compartir proyectos o problemas, sino también complementarse. Yo me ocupo más del estudio y del día a día, de la gestión de los proyectos; tengo un perfil más ejecutivo. Gonzalo, en cambio, es más visionario y lidera la dirección creativa.
Esta entrevista ha sido publicada en el número de mayo de Forbes Women. Créditos de equipo: Estilismo: Beatriz de la Cova, Maquillaje y peluquería: Víctor Maresco (Cool producciones) para DIOR y GHD. Asistente de estilismo: Diego Serna.