Moda/Belleza

La industria de la moda se queda ‘casi’ huérfana de directoras creativas

¿Dónde están las mujereS? La falta de paridad ha vuelto a ser lo que fue: cae la proporción de presencia femenina en la dirección creativa de la moda de lujo.

Sarah Burton, al final del desfile primavera/verano 2019 de Alexander McQueen.

Más allá de una opinión personal, es una realidad tangible que no precisa de grandes dotes para la observación. La moda y su división más exclusiva, la del lujo, no viven buenos momentos en cuanto a igualdad de género se refiere. ¿Otra vez? Cada vez hay menos mujeres al frente de puestos de liderazgo en los cargos más visibles de las marcas de moda. Y no lo digo yo, lo dice el organigrama de conglomerados como el francés Kering, que ha dejado una estampa tan masculina entre sus directores creativos que la pregunta se hace sola: ¿dónde están las mujeres?

La reciente salida de Sarah Burton de Alexander McQueen, tras más de 13 años como directora creativa de la británica, podría haber pasado como una noticia más del día que dispara la industria en horario fuera de oficina, si no fuera por su coletilla inmediata: «Burton será sustituida por el jefe de prêt-à-porter de JW Anderson, Seán McGirr». Un hombre. Qué novedad. Por supuesto, Séan McGirr no tiene culpa de nada. Tampoco el gran grupo que ha apostado por él. Pero la foto general del sector dice que si no somos conscientes del problema que se plantea, entonces, tenemos otro mayor. Por un lado, no contar con la creatividad de las mujeres para dictar las tendencias que vendrán; por el otro, pasar por alto la diferencia abismal de los porcentajes de paridad de género en estos puestos.

Aunque hubo quien se dio cuenta y, por supuesto, lo hizo saber a través del mejor portal de noticias que nos ha dado la tecnología: las redes sociales. La crítica no fue tanto por el nombramiento de otro hombre al frente de las colecciones de una firma de moda, sino por l falta de nombres femeninos entre los mandamases de la moda. El resultado fue un joven McGirr convertido en conejillo de Indias por los usuarios de internet, quienes pusieron en la palestra duras críticas a la tendencia que parece vuelve al sector: retroceder en el tiempo. Un tiempo que creíamos tener ya superado.

De forma inmediata esto abrió un debate que semanas después de ese #ÚLTIMAHORA sigue candente: la incredulidad que provoca la consideración de nombrar a mujeres para dirigir las firmas de moda de lujo cuando, precisamente, es la mujer la principal protagonista de este lujo. Y lo que es más significativo, que este paradigma se esté dando en 2023, cuando la proporción de hombres y mujeres en puestos de liderazgo parecía estar alcanzada o, al menos, más equilibrada que hace años.

Pero atendiendo a un análisis publicado por Financial Times, el retroceso en esta materia vuelve a ser una realidad. Otra vez con la misma asignatura pendiente a cuestas. El estudio, realizado sobre la dirección creativa y ejecutiva de 33 importantes marcas de moda de lujo muestra que la proporción de directoras creativas es ahora menor que hace 15 años, agravado considerablemente desde 2018. Así lo demuestran algunos ejemplos valorados por la cabecera: de las 14 marcas que componen la división de lujo de LVMH, sólo tres mujeres están al frente de la dirección creativa, y son Maria Grazia Chiuri, de Dior; Camille Miceli, de Pucci; y Silvia Venturini, de Fendi. En Kering, este cargo está ocupado sólo por hombres. Ampliando el abanico de conglomerados y firmas, Burberry nunca ha tenido una mujer en este puesto y OTB Group, propietario de sellos como Diesel y Maison Margiela, sólo tiene a una mujer en el cargo, Lucie Meier de Jil Sanders. Sobrevive Miuccia Prada, aunque todo apunta que su sucesor natural será Raf Simons.

Por el contrario, hay otras firmas que, desde la dirección creativa hasta otros cargos, su composición actual es femenina. Es el caso de Chanel, capitaneada por Virginie Viard y Leena Nair. Chloé es otra de las excepciones, propiedad de Richemont, porque desde 1997 por su dirección creativa sólo han pasado mujeres. Lo mismo ocurre con Hermès, que tanto su línea masculina como la femenina tienen nombre de mujer.

Dejando a un lado las excepciones, la tendencia es otra y plantea otra batería de preguntas. Si esta moda está concebida por y para mujeres, ¿por qué ninguna mujer ocupa los cargos directivos de las marcas? ¿No tendría sentido que ellas diseñaran para ellas? Por el contrario, ¿puede que un hombre tenga más objetividad al crear para una mujer o no tiene sentido porque quién mejor que una mujer va a conocer el cuerpo femenino? Son muchas las preguntas que se disparan contra la industria en busca de una razón que justifique que, a grandes rasgos, los cargos creativos de los grupos más importantes dedicados al lujo estén formados por hombres.

Financial Times acompaña el estudio de unas declaraciones de Gabriela Hearst, ahora directora de su marca homónima, reclamando más implicación del departamento de Recursos Humanos para que esta brecha se acorte en un futuro inmediato, a la vez que asegura no creer que haya mala intención en este panorama que se ha dibujo, sino inercia y facilidad para seguir contratando a hombres si la mayoría de los candidatos son hombres. Toda la razón.

Son muchas las preguntas que se han formulado a raíz de un abandono de cargo y un posterior nombramiento, pero ninguno de ellos carga con la responsabilidad de que a estas alturas de la película una industria tenga que vérselas con alertas de este tipo. En cualquier caso, la urgencia está en las razones que han llevado a que esto esté pasando. Puede que la razón o razones, de existir, respondan a motivos como los que señala Hearst, donde la inercia podría jugar un papel determinante, porque si entre los estudiantes de diseño hay más hombres que mujeres, las posibilidades se decantan más al lado masculina de la balanza. Si en las escuelas se presta más atención a los hombres que a las mujeres, estos saldrán mejor formados de ellas.

O puede, simple y llanamente, que no sólo sean cíclicas las tendencias de vestuario y la industria también forme parte de una corriente repetitiva, que acaba de salir de una ola femenina para adentrarse en otra masculinizada.